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Piercings orales: Los riesgos y complicaciones que conllevan para la salud oral

Los piercings orales, especialmente en la lengua, los labios y las mejillas, se han vuelto una expresión popular de individualidad y estilo, particularmente entre adolescentes y jóvenes adultos. No obstante, su popularidad también ha puesto de manifiesto un aumento en los problemas de salud asociados, lo que ha llevado a la Asociación Dental Americana (ADA, por sus siglas en inglés) a recomendar precaución o, incluso, evitar este tipo de perforaciones.

Los riesgos para la salud que implican los piercings orales son múltiples y abarcan desde infecciones y daños en dientes y encías, hasta complicaciones graves como la obstrucción de las vías respiratorias.

¿Qué es un piercing oral?

Un piercing oral se refiere a cualquier perforación dentro de la boca o en sus alrededores, incluyendo la lengua, el labio y la mejilla, en la cual se inserta una pieza de joyería. Este tipo de perforaciones requiere atravesar tejido blando, y dependiendo de la ubicación y el tipo de joyería utilizada, puede llevar a diversas complicaciones de salud. 

El sitio más común para ponerlos suele ser la lengua, aunque también es común ver piercings en los labios o las mejillas.

Riesgos inmediatos de los piercings orales

Al igual que cualquier otra intervención que implique una perforación en la piel o en un tejido blando, el piercing oral puede causar dolor y molestias inmediatas. Los riesgos de complicaciones están presentes tanto durante el procedimiento de perforación como en el periodo de cicatrización inicial.

Los riesgos comunes en la fase inmediata incluyen:

  • Hinchazón y sangrado: La lengua y los labios son áreas altamente vascularizadas, por lo que una perforación puede provocar un sangrado significativo o inflamación severa. Esta inflamación puede dificultar funciones básicas como la respiración, el habla o la deglución y, en casos graves, puede derivar en una obstrucción de las vías respiratorias.
  • Dolor e incomodidad: Aunque el dolor es una reacción esperada durante el proceso de curación, algunas personas experimentan una sensibilidad e incomodidad mayor que puede durar semanas. Esta sensación puede dificultar a la hora de masticar y hablar, afectando la calidad de vida del individuo. 

Infecciones: La amenaza constante

Una de las principales preocupaciones con los piercings orales es el riesgo elevado de infección. La boca alberga una gran cantidad de bacterias, y cualquier perforación permite que estos microorganismos penetren en los tejidos blandos, lo que puede llevar a infecciones locales o incluso sistémicas. 

Los factores que aumentan el riesgo de infecciones son:

  • Manipulación del piercing: Muchas personas tienden a tocar o mover el piercing, lo cual incrementa la exposición a bacterias y el riesgo de infección. Las joyas para piercings pueden acumular bacterias en sus superficies, especialmente si no se limpian con regularidad.
  • Infecciones severas: En algunos casos, las infecciones pueden progresar y provocar complicaciones graves. Se han documentado casos de angina de Ludwig, una celulitis que se extiende rápidamente por el área submandibular, sublingual y submental, que requiere intervención quirúrgica y tratamiento antibiótico.

Los efectos a largo plazo: Daños en dientes y encías

Los efectos a largo plazo de un piercing oral suelen ser aún más preocupantes, ya que pueden comprometer la salud bucal de manera significativa.

Varios de los riesgos incluyen:

  • Fracturas y desgaste dental: La joyería del piercing puede entrar en contacto constante con los dientes, lo cual produce desgaste del esmalte dental y aumenta el riesgo de fracturas o astillamientos. Esta fricción repetitiva es común en los piercings de la lengua, especialmente si la persona tiende a morder la joyería sin darse cuenta.
  • Recesión gingival: Las encías también son vulnerables al daño causado por el roce constante de la joyería. Este desgaste crónico puede llevar a una recesión de las encías, un problema irreversible que expone las raíces de los dientes y aumenta el riesgo de caries y sensibilidad dental. De acuerdo con estudios recientes, se ha observado recesión gingival en aproximadamente el 50% de las personas que tienen piercings en los labios y en el 44% de aquellos con piercings en la lengua.
  • Abscesos y granulomas: Las infecciones persistentes pueden provocar la formación de abscesos, que son acumulaciones de pus causadas por una infección bacteriana. Estos pueden resultar dolorosos y, en algunos casos, requerir intervención médica para su drenaje. Además, pueden desarrollarse granulomas, que son bultos formados por tejido inflamado alrededor del piercing.

Otros riesgos y complicaciones 

Aparte de los daños en dientes y encías, los piercings orales pueden generar problemas menos comunes pero igual de significativos para la salud bucal y general.

Como, por ejemplo, la obstrucción de las vías respiratorias por inflamación severa o la aspiración de una pieza del piercing que pueda soltarse. Esto es peligroso en situaciones en las que el acceso rápido o atención médica pueda ser limitada. 

También puede provocar alergias y dermatitis de contacto a los materiales del piercing, especialmente en aquellas joyas que contienen níquel. Lo que puede causar picazón, enrojecimiento e inflamación en el área perforada. 

Además, los piercings orales pueden dificultar o incluso impedir ciertos procedimientos odontológicos, como las radiografías. Los piercings pueden obstruir la visión de los tejidos subyacentes, lo que complica el diagnóstico y tratamiento de problemas dentales.

Otro de los riesgos de los piercings orales es la hipersalivación y alteraciones del habla ya que el cuerpo puede reaccionar a la presencia de los piercings con un aumento de la producción de saliva, lo que puede afectar a la claridad del habla.

Recomendaciones y medidas preventivas

Para aquellos que ya tienen un piercing oral, existen algunas recomendaciones que pueden minimizar el riesgo de complicaciones:

  • Mantenimiento de una higiene adecuada: Es fundamental cepillarse los dientes y enjuagarse con un antiséptico sin alcohol de forma regular. También es importante limpiar la joyería para reducir la acumulación de bacterias.
  • Evitar manipular el piercing: No tocarlo, ni moverlo para evitar introducir bacterias y reducir el riesgo de infección.
  • Seleccionar materiales de calidad: Los piercings hechos de materiales sintéticos como el politetrafluoroetileno tienen menor colonización bacteriana que los de acero o titanio.
  • Realizar visitas regulares al dentista: Los dentistas pueden detectar signos tempranos de daño dental o gingival y de esta manera, aconsejarte sobre cómo minimizar los riesgos asociados al piercing.

La clave para quienes ya tienen un piercing oral es la prevención mediante prácticas de higiene rigurosas y visitas regulares al dentista. Pero la ADA, junto con otros profesionales de la salud dental, advierte sobre los riesgos y desaconseja este tipo de perforaciones debido a las complicaciones que pueden afectar seriamente la calidad de vida de quién se los hace.

Fuente: ADA

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