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¿Por qué cada vez hay más clínicas dentales?

Cualquier ciudadano de a pie tiene la percepción de que cada vez hay más clínicas dentales. Sin duda dicha percepción es real pero con matices.

Es cierto que ha habido un muy importante número de aperturas de clínicas cuyos impulsores han sido empresarios pequeños y medianos así como grandes empresas. Sin embargo también hay que tener en cuenta los traslados de algunas clínicas tradicionales.  Muchas de estas consultas, que hasta ahora estaban ubicadas en pisos, han decidido mudarse a bajos comerciales ya sea para  ampliar sus instalaciones o para mejorar su visibilidad y poder optar a tener nuevos pacientes.

Al mismo tiempo tampoco debemos olvidar otra vía como el cooperativismo dental. Es decir varios profesionales con distintas dedicaciones odontológicas que deciden unirse para crear una nueva clínica si bien es cierto que proporcionalmente el número no es muy destacable en comparación con los anteriores casos citados.

Siete consejos para salvaguardar la salud bucal de los niños en vacaciones

Mantener la sonrisa intacta en un niño debe ser primordial para sus progenitores y para ello es imprescindible una buena salud bucodental  durante todo el año. Sin embargo en épocas como las vacaciones conviene estar alerta ya que el cambio de horarios y la pérdida de hábitos puede acabar siendo perjudicial para los dientes de los más pequeños.

El diente es la única parte del cuerpo humano que no se regenera por sí misma. Por ello, además de la detección precoz de cualquier infección, el cuidado de los dientes es muy necesario. En los más pequeños, prevenir la caries  es el objetivo principal ya que es la enfermedad crónica infantil más común.

En la actualidad, y según los datos de la Sociedad Española de Odontopediatría (SEOP), uno de cada cinco niños (de dos a cuatro años de edad) tienen caries que no han sido tratadas ¿Qué podemos hacer para evitarlas? ¿Qué pautas debemos seguir durante las vacaciones?

El origen del cepillo de dientes

Hoy en día en la práctica totalidad de las casas hay al menos un cepillo de dientes por persona, sin embargo y aunque pensemos que es algo común desde hace siglos, la realidad es que la universalización del uso del cepillo de dientes no tiene tantos años como el invento. Y es que aunque se pueda creer lo contrario el cepillo de dientes lleva ya muchos con nosotros. Eso sí, el más similar al de nuestros días apareció en 1938 (cepillo de nailon) como una evolución del creado originalmente en la corte imperial de China en 1498.

Diversas investigaciones indican que aunque previamente se utilizaban rudimentarios utensilios (palos masticables, ramas de areca, etc) para limpiar los dientes, el cepillo, prácticamente, como lo conocemos hoy en día surgió en el siglo XV, concretamente en China en 1498. El invento ‘imperial’ consistía en un mango de hueso al que se le habían cosido cerdas (extraídas de cerdos originarios de zonas frías ya que están eran más duras). Los mercaderes y las rutas comerciales hicieron llegar el ‘invento’ a Europa pero la extrema dureza de las cerdas jugaba en su contra y provocaba rechazo. Por ello, en el viejo continente no se llegaron a usar hasta el siglo XVII. Eso sí, con otro tipo de pelos más blandos como es el caso de los de caballo. Sin embargo, seguía siendo un producto reservado para reyes y clases altas ya que su coste era demasiado elevado.

El cepillo con cerdas artificiales como hoy lo conocemos no llegaría hasta bien entrado el siglo XX. Concretamente en 1938 cuando con el desarrollo del nailon se aplicó esta tecnología a los cepillos de dientes descartando así las cerdas de origen animal. Y es que desde el punto de vista de la higiene y la transmisión de bacterias estas presentaban problemas. Así lo puso de manifiesto Louis Pasteur con sus descubrimientos en el XIX. Gracias a sus investigaciones los odontólogos fueron conscientes de que dado que las cerdas animales se mantenían húmedas ello podía favorecer la aparición de bacterias y hongos microscópicos. A su vez, la dureza de las cerdas generaba más heridas por lo que el contagio y transmisión de las bacterias era más que factible. Así y como propugnaba Pasteur, la solución pasaba por la esterilización con agua hirviendo. Sin embargo, este proceso acababa ablandando en exceso y de forma permanente las cerdas de origen animal por lo que el cepillo quedada inservible a corto plazo.

 

En 1930 se descubrió el nailon y ocho años después se creó el primer cepillo de dientes con este material. Era el ‘Dr. West’s Miracle Tuft Toothbrush’. El nuevo cepillo de nailon presentaba múltiples ventajas. En primer lugar se secaba rápidamente con lo que se subsanaba el problema de la aparición de bacterias por humedad y con ello el riesgo de infección pero al mismo tiempo el nuevo material hacía que el cepillo fuese duro y flexible a la vez con lo que su uso era más agradable y efectivo.  Sin embargo, al principio su tacto era demasiado duro y en ocasiones ocasionaba heridas hasta que en 1950 consiguieron un cepillo más blando. Era el cepillo Park Avenue que cuadriplicaba el precio del original. Posteriormente en 1961 llegaría el primer cepillo eléctrico (broxodent). Y desde ahí hasta ahora este útil invento no ha sufrido grandes variaciones salvo mejoras de diseño y múltiples posibilidades de productos.

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