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¿Por qué Santa Apolonia es la patrona de los odontólogos?

Muchas personas se preguntarán porqué Santa Apolonia está considerada como la patrona de los odontólogos. Pues bien como en tantas otras tradiciones, la respuesta la encontramos en la historia. Concretamente en la vinculada al cristianismo durante la época romana. Eran tiempos de activas persecuciones religiosas y de mártires por la fe cristiana. Bajo el mandato del emperador Filipo El Árabe, la premisa era perseguir, represaliar y torturar a los cristianos y así se hacía en Alejandría (parte oriental del imperio). Pues bien en unas de esas acciones de ataque sobre los cristianos (en el año 249, siglo III D.C), los soldados capturaron a Apolonia, una mujer virgen de avanzada edad y la torturaron con el objetivo de que se arrepintiera de su fe cristiana, pronunciase blasfemias contra Jesucristo y adorase a los dioses paganos. Sin embargo, ella se negó y padeció la ira de la turba alejandrina. En uno de los crueles golpes perpetrados con martillos que sufrió perdió buena parte de sus dientes y los restantes le fueron arrancados como tortura. Su perseverancia en defender la fe enojó más a sus atacantes y éstos la amenazaron con la hoguera pero Apolonia no se amilanó.

Momentos antes del final pidió a sus torturadores que le soltaran las manos haciéndoles pensar que iba a reconsiderar su decisión. Sin embargo y para sorpresa de los soldados, ella misma se lanzó al fuego (según San Agustín por deseo del Espítitu Santo) de la hoguera para no renunciar a su religión. Dicen los escritos que mientras Apolonia estaba bajo el fuego espetó a los presentes que cuando sufrieran de problemas y dolencias dentales, invocaran su nombre, pues ella intercedería ante Dios para aliviar sus penas. Sin embargo, la leyenda no se queda ahí y asegura que Apolonia no se quemó y permaneció con vida dentro de la hoguera (protegida por Dios), razón por la que finalmente optaron por degollarla para darle muerte. 50 años después Apolonia se convirtió en Santa Apolonia ya que fue canonizada por su entrega y abnegación cristiana.

Años más tarde su figura cayó en el olvido y no fue hasta el  siglo XIV cuando vuelve a emerger en la liturgia católica. Desde entonces es a ella a quien se la invoca contra el dolor de muelas y es considerada como la patrona de las enfermedades dentales al tiempo que de los odontólogos. La iconografía de Santa Apolonia se representa con unas pinzas que sostienen un diente o con un collar en el que pende un diente de oro. Su festividad se celebra el 9 de febrero.

El peligro de los ‘piercings’ orales

Los conocidos popularmente como ‘piercings’, es decir, el elemento decorativo generalmente de origen metálico que muchos jóvenes se colocan en diversas partes del cuerpo previa perforación del tejido, pueden tener serias consecuencias sobre la salud especialmente si éstos se colocan en la boca (lengua, labios, etc).

El principal y más probable riesgo que los ‘piercings’ orales suponen para la salud bucal son las infecciones derivadas de su colocación. Sin embargo existen más posibles problemas derivados de su presencia en la boca, como rechazos, alergias, dolor, traumatismos en los dientes, etc. No olvidemos que a la postre se trata de un cuerpo extraño en la cavidad.  Al mismo tiempo se trata de una zona especialmente delicada y que no favorece precisamente una correcta cicatrización de la herida generada y por lo tanto presenta un destacable riesgo de infección. Tanto por la humedad propia de la cavidad bucal y presencia de bacterias como por la funcionalidad de ingestión de alimentos propia de esta parte del cuerpo.

Además de las consecuencias descritas otros estudios señalan que los ‘piercings’ orales llevan aparejado riesgo de perder piezas dentales debido al desarrollo de problemas gingivales graves. Concretamente, un trabajo publicado en el Journal of the American Dental Asociation (JADA) sostiene que una de las consecuencias más comunes reside en la contracción de las encías, con lo que el diente queda desprotegido, pudiendo llegar a caer.

Debemos distinguir las distintas posibles consecuencias de los dos tipos de ‘piercings’ orales que pueden afectar a la boca en función de su situación. Es decir, si están colocados en la lengua o en los labios.

Lengua y labios

El riesgo de los primeros  estriba en el momento de su instalación ya que una perforación errónea o negligente puede ocasionar daños tanto en la glándula salival como sobre el músculo o sobre un nervio. Así si se toca alguna de estas partes de la lengua, las consecuencias van desde una inflamación hasta la pérdida de sensibilidad y sentido del gusto pasando incluso por una hemorragia. Sin duda, consecuencias realmente graves para la salud bucal. Todo ello además de ocasionar dolor puede generar problemas en el habla y en la masticación.

Por otro lado, los ‘piercings’ orales situados en los labios también pueden ocasionar daños glándulas salivales que pueden derivar en obstrucciones y acumulación de saliva así como  inflamaciones en la mucosa labial o en los carrillos, así como traumatismos en los dientes.

Por todo ello, en primer lugar y dado el objetivo meramente decorativo de esta práctica, ésta es obviamente desaconsejada por los odontólogos por su alto riesgo para la salud Eso sí, en el caso de llevarla a cabo es necesario que su instalación sea llevada a cabo por personas con cualificación y con conocimientos de la morfología de la boca así como de anatomía humana para evitar sustos.  A su vez, se recomienda extremar al máximo la higiene tanto con la plena esterilización de los elementos o herramientas que intervienen en la instalación como en la post colocación. Por supuesto se debe acudir al odontólogo a la mínima señal de inflamación o problema. Finalmente se aconseja visitar al dentista periódicamente con el objetivo de hacer un seguimiento de este cuerpo extraño instalado en la boca y controlar una posible reacción natural del organismo contra él.

Los odontólogos inician una campaña para reforzar la figura del profesional con referencias frente a los centros que basan su estrategia comercial en engañosas ofertas de tratamientos gratuitos

El Colegio de Odontólogos y Estomatólogos de Valencia ha iniciado una campaña informativa en autobuses urbanos con el objetivo de promover la salud buco dental en la población, por las claras repercusiones que un adecuado cuidado e higiene de la boca tienen posteriormente en la salud general.

Con esta campaña, el Colegio también persigue alertar al ciudadano sobre la proliferación de centros sin un responsable sanitario claro, cuya estrategia comercial se basa en ofrecer tratamientos gratuitos o a bajo coste, que se ven compensados por la baja calidad de los mismos e incluso por su cuestionable necesidad de realización.Esta campaña persigue fomentar la salud buco-dental en el conjunto de la sociedad, utilizando mensajes que instan al ciudadano a mantener el cuidado de la boca. Para ello, el Colegio utiliza la manzana como símbolo y ejemplo, ante la necesidad de mantener una boca sana y libre de enfermedades cuya existencia tiene mayor repercusión en la salud general de lo que los ciudadanos piensan.

En segundo término, el Colegio de Odontólogos y Estomatólogos de Valencia busca reforzar la confianza del ciudadano en el dentista con nombre y apellidos. Es decir: en aquellos profesionales de la Odontología con referencias conseguidas a través de trabajo constante, una relación cimentada en la confianza y dedicación absoluta.

En este sentido, el Colegio de Odontólogos y Estomatólogos de Valencia ha aludido a la desconfianza que generan muchas de estas nuevas clínicas en las que no hay un responsable sanitario último, constante y reconocido. Muchas de las cuales generan ofertas con tratamientos gratuitos o de bajo coste, en ocasiones innecesarios o de dudoso regir diagnóstico, y que muchas veces terminan recobrando al paciente a través de tratamientos posteriores

Moderación para evitar la factura dental de los excesos navideños

Las cercanas fiestas navideñas implican alegría, encuentros con familiares, regalos, etc. Sin embargo con ellas también llegan los excesos y son especialmente los nutricionales los que pueden acabar pasando factura a tu salud dental a medio plazo. Por ello, la palabra clave para estas navidades no es otra que moderación y es que se puede disfrutar plenamente de la Navidad y sus bondades sin que nuestros dientes y organismo se resientan.
En el caso de la salud dental sus grandes enemigos, en estas épocas de celebración y alegría, no son otros que los azúcares (dulces) y el alcohol. Y es que los primeros pueden generar caries y el segundo deteriorar el esmalte. Con la proliferación de opíparas comidas y cenas, ya sean familiares o de empresa, caemos sin darnos cuenta en una excesiva ingestión de azúcares y alcohol que pueden dañar nuestra estimada dentadura.
Los típicos deliciosos dulces navideños, que se sirven a los postres tal y como manda la tradición, se convierten en una tentación en la que muchos suelen caer sin mesura.  Ello tiene serias consecuencias y se plasma con posterioridad a las fiestas en forma de indeseadas caries. La forma de evitarlas pasa por un consumo moderado y sin excesos de estos dulces así como por optar por aquellos que sean bajos en azúcares.

Respecto al alcohol, obviamente siempre es recomendable una ingesta moderada pero en relación a la salud dental se recomienda evitar el consumo de vino tinto, blanco, cava y bebidas energéticas ya que ocasionan daños al esmalte dental.

Finalmente en ambos casos (dulces y alcohol) también es recomendable realizar un buen cepillado así como el uso del hilo dental al menos tres veces al día. Además también es aconsejable la ingesta de frutas como la manzana y chicles sin azúcar para generar una mayor salivación y limpieza de la dentadura.

El origen del cepillo de dientes

Hoy en día en la práctica totalidad de las casas hay al menos un cepillo de dientes por persona, sin embargo y aunque pensemos que es algo común desde hace siglos, la realidad es que la universalización del uso del cepillo de dientes no tiene tantos años como el invento. Y es que aunque se pueda creer lo contrario el cepillo de dientes lleva ya muchos con nosotros. Eso sí, el más similar al de nuestros días apareció en 1938 (cepillo de nailon) como una evolución del creado originalmente en la corte imperial de China en 1498.

Diversas investigaciones indican que aunque previamente se utilizaban rudimentarios utensilios (palos masticables, ramas de areca, etc) para limpiar los dientes, el cepillo, prácticamente, como lo conocemos hoy en día surgió en el siglo XV, concretamente en China en 1498. El invento ‘imperial’ consistía en un mango de hueso al que se le habían cosido cerdas (extraídas de cerdos originarios de zonas frías ya que están eran más duras). Los mercaderes y las rutas comerciales hicieron llegar el ‘invento’ a Europa pero la extrema dureza de las cerdas jugaba en su contra y provocaba rechazo. Por ello, en el viejo continente no se llegaron a usar hasta el siglo XVII. Eso sí, con otro tipo de pelos más blandos como es el caso de los de caballo. Sin embargo, seguía siendo un producto reservado para reyes y clases altas ya que su coste era demasiado elevado.

El cepillo con cerdas artificiales como hoy lo conocemos no llegaría hasta bien entrado el siglo XX. Concretamente en 1938 cuando con el desarrollo del nailon se aplicó esta tecnología a los cepillos de dientes descartando así las cerdas de origen animal. Y es que desde el punto de vista de la higiene y la transmisión de bacterias estas presentaban problemas. Así lo puso de manifiesto Louis Pasteur con sus descubrimientos en el XIX. Gracias a sus investigaciones los odontólogos fueron conscientes de que dado que las cerdas animales se mantenían húmedas ello podía favorecer la aparición de bacterias y hongos microscópicos. A su vez, la dureza de las cerdas generaba más heridas por lo que el contagio y transmisión de las bacterias era más que factible. Así y como propugnaba Pasteur, la solución pasaba por la esterilización con agua hirviendo. Sin embargo, este proceso acababa ablandando en exceso y de forma permanente las cerdas de origen animal por lo que el cepillo quedada inservible a corto plazo.

 

En 1930 se descubrió el nailon y ocho años después se creó el primer cepillo de dientes con este material. Era el ‘Dr. West’s Miracle Tuft Toothbrush’. El nuevo cepillo de nailon presentaba múltiples ventajas. En primer lugar se secaba rápidamente con lo que se subsanaba el problema de la aparición de bacterias por humedad y con ello el riesgo de infección pero al mismo tiempo el nuevo material hacía que el cepillo fuese duro y flexible a la vez con lo que su uso era más agradable y efectivo.  Sin embargo, al principio su tacto era demasiado duro y en ocasiones ocasionaba heridas hasta que en 1950 consiguieron un cepillo más blando. Era el cepillo Park Avenue que cuadriplicaba el precio del original. Posteriormente en 1961 llegaría el primer cepillo eléctrico (broxodent). Y desde ahí hasta ahora este útil invento no ha sufrido grandes variaciones salvo mejoras de diseño y múltiples posibilidades de productos.

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